ATACAMA CHALLENGER 2026
El desafiante del desierto de Atacama
Etapa 1.
Sectores aledaños San Pedro de Atacama – Valle de la Luna – Tulor – Coyo – Catarpe. Vallecito camino de gasoducto
La primera etapa del Atacama Challenger es mucho más que una carrera. Es una inmersión total en uno de los paisajes más extraordinarios del planeta. Fue el circuito del iberoamericano Chile 2026.
Desde los primeros metros, los corredores comienzan a internarse en el corazón del desierto más árido del mundo, recorriendo senderos ancestrales, oasis milenarios, cañones esculpidos por el tiempo y formaciones geológicas que parecen pertenecer a otro planeta, parte del Valle de la Luna.
La largada se realiza desde San Pedro de Atacama, a aproximadamente 2.400 metros sobre el nivel del mar. Rodeado por volcanes y cordones montañosos que dominan el horizonte, el pelotón abandona lentamente el oasis atacameño para comenzar una travesía que combina historia, geología, cultura y deporte de aventura.
Durante los primeros kilómetros, el recorrido permite encontrar ritmo sobre caminos rápidos y ondulados a alta velocidad. La inmensidad del desierto comienza a desplegarse en todas direcciones, mientras la Cordillera de la Sal se alza como una gigantesca muralla natural formada hace millones de años por procesos tectónicos únicos en el planeta.
A medida que la etapa avanza, los corredores ingresan en las inmediaciones del Valle de la Luna, uno de los lugares más emblemáticos de Chile y probablemente uno de los paisajes más fotografiados de Sudamérica. Aquí el terreno cambia completamente. La erosión del viento y las antiguas sedimentaciones han creado un escenario de dunas petrificadas, crestas afiladas, anfiteatros naturales y extensiones minerales cuyos colores varían entre blancos, ocres, rojizos y dorados.
ABASTECIMIENTO 1 – KM 38
Ubicado tras la primera gran exploración de la Cordillera de la Sal, este punto permite recuperar energías antes de continuar internándose en sectores más remotos del desierto. Desde aquí las vistas panorámicas permiten apreciar la inmensidad del Valle de la Luna y la magnitud geológica del entorno.
Tras abandonar el primer abastecimiento, la ruta continúa atravesando sectores abiertos del desierto altoandino. El paisaje cambia constantemente. Cada curva revela nuevas formaciones rocosas y nuevos contrastes de colores. El silencio del desierto sólo es interrumpido por el viento y el paso de los corredores.
La ruta comienza gradualmente a dirigirse hacia los sectores históricos que rodean Tulor y los antiguos asentamientos atacameños, transitando por terrenos que durante siglos fueron utilizados por las culturas originarias del desierto.
ABASTECIMIENTO 2 – KM 51
Este punto se ubica estratégicamente en una zona de transición donde el recorrido comienza a aumentar progresivamente su exigencia física. Es el lugar ideal para rehidratarse y prepararse para los desafíos que vendrán más adelante.
Desde aquí, el recorrido avanza hacia sectores donde aparecen antiguos cauces, quebradas y suaves ascensiones que obligan a administrar cuidadosamente las energías. La sensación de aislamiento aumenta y el corredor comienza a sentirse completamente inmerso en la inmensidad del desierto de Atacama para llegar al río san pedro y seguirlo corriente abajo.
La presencia ocasional de pequeños oasis y zonas vegetadas genera un contraste espectacular frente a la aridez dominante. Son recordatorios permanentes de la extraordinaria capacidad de adaptación de la vida en uno de los ambientes más extremos del planeta. Es el hermoso Valle de Catarpe antigua entrada a San Pedro de Atacama la capital del Coyasullo la región más extensa y austral del imperio Inca.
ABASTECIMIENTO 3 – KM 65 sector capilla de Catarpe
Este abastecimiento marca uno de los puntos estratégicos más importantes de la etapa. Desde aquí comienza la aproximación a los sectores más exigentes del recorrido. Es el último momento ideal para recuperar líquidos, energía y concentración antes de enfrentar las elevaciones finales.
A partir de este sector el perfil altimétrico adquiere mayor protagonismo. Las ascensiones comienzan a encadenarse una tras otra mientras el paisaje se vuelve aún más espectacular. La Cordillera de la Sal muestra aquí algunas de sus formas más impresionantes, con enormes pliegues geológicos, quebradas profundas y vistas panorámicas que parecen extenderse hasta el infinito.
ABASTECIMIENTO 4 – KM 74 Meta
Etapa 2.
Imagínate que estás en San Pedro de Atacama, y al iniciar esta etapa de 33 kilómetros, sientes el aire seco, mientras avanzas por caminos polvorientos. Los primeros kilómetros son relativamente planos, con terrenos compactos de arena y sal, con vistas al vasto desierto. A medida que avanzas, el camino se vuelve más pedregoso, con algunas zonas de ripio que ponen a prueba la tracción. El paisaje se transforma: comienzas a ver formaciones rocosas y tonos rojizos, mientras el volcán Licancabur se va imponiendo en el horizonte. La altitud se hace notar, el aire es más delgado, y el camino empieza a ascender en zigzag. Los corredores experimentan una mezcla de admiración y desafío; la vista es sobrecogedora, pero el cansancio se acumula.
En los últimos tramos, el suelo volcánico se hace más suelto, con pequeños ascensos y descensos técnicos.
Al llegar a los pies del volcán, la satisfacción es total: sientes que la inmensidad del desierto y la majestuosidad del volcán Licancabur te han acompañado en cada pedalada.
Es una etapa que combina resistencia, paisaje y una enorme sensación de conquista.
Etapa 3.
ETAPA 23 – ATACAMA CHALLENGER 2027
La Ruta de los Caravaneros
Pocas etapas logran combinar de manera tan perfecta la historia, la geografía y el mountain bike como esta travesía alrededor de San Pedro de Atacama. Más que una competencia, esta ruta es un viaje a través de miles de años de historia humana y geológica, recorriendo antiguos caminos utilizados por caravaneros, arrieros e indígenas atacameños, mientras se atraviesan algunos de los paisajes más espectaculares del desierto más árido del planeta.
La jornada comienza en el corazón de San Pedro de Atacama, oasis milenario que desde tiempos precolombinos ha sido punto de encuentro de culturas, comerciantes y viajeros. Desde los primeros kilómetros, el pelotón abandona las calles del pueblo para dirigirse por la Ruta Internacional hacia la imponente Cordillera de la Sal.
La Cordillera de la Sal: la puerta de entrada al desierto profundo
Los primeros siete kilómetros corresponden a una ascensión constante y progresiva. Mientras las piernas comienzan a entrar en ritmo, el paisaje se transforma rápidamente. A ambos lados del camino emergen las extraordinarias formaciones de la Cordillera de la Sal, modeladas durante millones de años por movimientos tectónicos, erosión e infiltraciones minerales.
Los colores cambian a cada instante. Tonos ocres, blancos, rojizos y grises se mezclan formando un escenario casi extraterrestre. Las paredes erosionadas muestran pliegues geológicos que parecen esculturas naturales talladas por el tiempo.
Desde las alturas comienza a abrirse una panorámica privilegiada sobre el oasis de San Pedro y la inmensidad del desierto atacameño.
Quebrada de Tambores: el antiguo camino de los arrieros
Al alcanzar la parte alta, la ruta abandona la carretera principal para ingresar a uno de los sectores más históricos de toda la etapa: la antigua Quebrada de Tambores, también conocida como el viejo camino hacia Calama.
Aquí el corredor comienza a rodar literalmente sobre una ruta utilizada durante siglos.
Por este camino transitaban antiguamente las caravanas ganaderas provenientes de Argentina. El ganado cruzaba la cordillera, llegaba a los canchones de Catarpe donde era alimentado y recuperaba fuerzas, para posteriormente continuar rumbo a Calama. Desde allí seguía hacia el norte abasteciendo los centros mineros y las grandes salitreras durante el auge del ciclo salitrero.
Cada metro recorrido sobre este sendero tiene historia.
El terreno alterna entre grava volcánica compactada, antiguas huellas mineras, sectores pedregosos y superficies endurecidas por siglos de tránsito humano y animal. La sensación es la de pedalear sobre un verdadero museo al aire libre.
La Piedra de la Coca: memoria viva del desierto
En medio de este paisaje aparece uno de los lugares más simbólicos de la ruta: la legendaria Piedra de la Coca.
Este enorme bloque pétreo conserva petroglifos y constituye uno de los puntos históricos más relevantes del sector.
Cuenta la tradición que los caravaneros y pueblos originarios que recorrían estas largas distancias realizaban aquí una pausa obligada. Mientras descansaban, retiraban las hojas o bolos de coca que llevaban en sus mejillas y las depositaban sobre la roca como una forma de ofrenda y agradecimiento.
Era un acto simbólico.
Un gesto destinado a dejar atrás el cansancio, pedir protección para el viaje y reunir fuerzas para continuar atravesando el desierto.
Al detenerse frente a esta roca, el ciclista moderno comparte el mismo paisaje y la misma inmensidad que acompañó a aquellos viajeros hace cientos de años.
El Llano de la Paciencia
Tras abandonar el sector histórico, la ruta se abre hacia una de las zonas más características del recorrido: el Llano de la Paciencia.
El nombre no podría ser más apropiado.
Desde el aire, Google Earth muestra una enorme planicie desértica rodeada por montañas lejanas y antiguas terrazas sedimentarias.
A primera vista parece completamente plana.
Sin embargo, la realidad es diferente.
Las suaves pendientes, el viento y la altitud generan un desgaste constante. Son kilómetros donde la fortaleza mental adquiere tanta importancia como la capacidad física.
Aquí el horizonte parece infinito.
El corredor puede observar kilómetros de desierto abierto en todas direcciones mientras avanza por caminos rápidos de grava compactada y suelo aluvial endurecido.
Es un escenario donde la inmensidad domina todos los sentidos.
Hacia Catarpe: ingreso al corazón histórico del valle
La ruta comienza luego a dirigirse hacia Catarpe, uno de los lugares con mayor valor patrimonial de San Pedro de Atacama.
La geografía cambia nuevamente.
Las grandes planicies dejan paso a quebradas, terrazas aluviales y antiguas formaciones erosionadas por miles de años de escorrentías esporádicas.
Desde arriba se aprecia un verdadero laberinto geológico formado por cauces secos, cárcavas y depósitos sedimentarios.
El camino serpentea entre estas formaciones ofreciendo una experiencia visual extraordinaria.
El Túnel de Catarpe
Uno de los puntos más icónicos de toda la etapa es el antiguo Túnel de Catarpe.
Con aproximadamente 200 metros de longitud, este túnel constituyó durante décadas el acceso principal a San Pedro de Atacama.
Atravesarlo es viajar en el tiempo.
La luz desaparece progresivamente mientras el corredor se interna en la roca para emerger nuevamente al histórico Valle de Catarpe.
Es uno de esos lugares que permanecen grabados para siempre en la memoria de quienes lo recorren.
Descenso técnico hacia el valle
A la salida del túnel comienza un descenso cercano a los dos kilómetros.
El terreno cambia radicalmente.
La superficie presenta piedras sueltas, zanjas de erosión, pequeños escalones naturales y múltiples irregularidades que exigen concentración permanente.
Es una bajada técnica y entretenida.
La velocidad aumenta mientras las montañas parecen cerrarse alrededor del corredor.
Chulacao: la Garganta del Diablo
El descenso conduce hacia uno de los sectores más espectaculares del recorrido: Chulacao, conocido popularmente como la Garganta del Diablo.
Para muchos ciclistas, este tramo representa el auténtico parque de diversiones de la etapa.
El sendero serpentea entre paredes naturales, curvas cerradas, zigzags, pequeñas quebradas y pasadizos formados por la erosión.
Cada curva ofrece una nueva sorpresa.
Cada cambio de dirección revela una perspectiva diferente del paisaje.
Es una combinación perfecta entre técnica, diversión y belleza escénica.
La Capilla de Catarpe y el último abastecimiento
Al salir de Chulacao aparece la histórica Capilla de Catarpe.
En este lugar descansa la imagen de San Isidro Labrador, patrono de agricultores y campesinos.
Desde hace generaciones, este pequeño templo ha acompañado la vida de las comunidades agrícolas que habitan el oasis.
Aquí se ubica el último puesto de abastecimiento de la etapa.
Es el momento ideal para recuperar energías antes del tramo final.
El camino del gasoducto
Desde la capilla comienza uno de los sectores físicamente más exigentes de toda la jornada.
La ruta asciende por el camino del gasoducto.
Son kilómetros de repechos constantes, pendientes cortas pero agresivas y un terreno que obliga a trabajar permanentemente.
El suelo refleja intensamente la radiación solar.
El calor parece surgir desde abajo.
La combinación de altitud, temperatura y acumulación de esfuerzo convierte este tramo en una verdadera prueba de resistencia.
Aquí se definen muchas veces las diferencias entre corredores.
Regreso a San Pedro de Atacama
Finalmente, tras superar las últimas elevaciones, el camino comienza a descender suavemente hacia San Pedro.
La vegetación reaparece lentamente.
Las primeras construcciones del oasis vuelven a hacerse visibles.
Después de atravesar quebradas históricas, antiguos caminos caravaneros, sitios ceremoniales, túneles centenarios y algunos de los paisajes más extraordinarios del desierto de Atacama, el corredor regresa al punto de partida con la sensación de haber vivido mucho más que una carrera.
Ha recorrido una ruta donde cada piedra cuenta una historia.
Donde cada sendero conserva huellas de antiguos viajeros.
Y donde la geografía, la cultura y el deporte se unen para crear una experiencia única en el mundo.
La Etapa 23 del Atacama Challenger no es simplemente una competencia de mountain bike.
Es un viaje por la memoria viva del desierto.

